ALCANZANDO CIMAS

texto y fotografia de Juan Pellicer
Entre árboles y riachuelos, percibiendo todos los regalos que aquella tarde de otoño, la naturaleza me entregaba y oyendo el crujir de las hojas caídas que, a modo de alfombra, se amontonaban en el suelo, mi mirada, confundida por tanta belleza, quedó absorta ante esta bella imagen.
Muchas veces ocurre que lo más difícil de la vida, decía el pensador, era llegar a entender su terrible sencillez. He tenido la oportunidad de vivir esta frase varias veces para, al final, llegar a empezar a creer que estoy de acuerdo con ella.
Aquella ardilla, subiendo alegre, ligera, trepando por su árbol (su árbol puede ser cualquiera), haciendo únicamente aquello para lo que vino a este mundo, naturalmente, era capaz de devolver, si devolver, la sonrisa a quién, seguramente por un motivo banal, hace tiempo la había perdido. La sonrisa casi siempre viene envuelta en papel fino y delicado, es frágil. Quien la provoca incluso no es consciente de la sensación del que la recibe. Quien la provoca, igual que la ardilla, no hace sino lo que en su vida es lo normal, sin embardo para quién la recibe, posiblemente, pueda llegar a ser incluso la tan esperada respuesta; ese medicamento que, a veces, tanto necesita el alma. (Si amigos todos sabemos de los medicamentos del cuerpo y también, aunque no los podamos comprar en farmacias, de los del Alma). Estos últimos, los del Alma, solo nos lo pueden recetar las ardillas, siempre que tengamos tiempo de ir a su consulta, la naturaleza, y por supuesto, estemos dispuestos a pagar el alto precio por el medicamento recetado, la sonrisa.
Esta es la terrible sencillez a la que me refería al principio.

2 comentarios:

  1. Hola Juan, me gusta la manera como tienes de relatar las fotos que tomas, noto en tí un espíritu muy sensible y eso es algo que refresca al leer. Preciosa la foto de la ardilla, estamos tan necesitados de cosas sencillas que nos hagan esbozar y sentir una sonrisa, pero se nos ha ido olvidando que es en las pequeñas cosas de la vida donde se esconden las grandes sensaciones.
    Me solidarizo con tus sentimientos y te dejo un abrazo.

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  2. Hola Vilma gracias por tu amable comentario. Es cierto que muchas veces pasamos por alto las cosas pequeñas que suceden a nuestro alrededor. Quizá porque nos sentimos "tan grandes" que creemos solo merecer "cosas grandes", y esa sensación es la que, muchas veces, "ciegos de bosques no vemos los árboles". Te envio un saludo efectuoso.

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