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SUEÑOS DE UN JARDINERO

Poema y obra de jpellicer
Soñaba el jardinero… y mientras soñaba,
envuelto en aromas de azahares y lavandas,
por sus cuidados campos, el aire,
que también era suyo,
mariposas con sus alas de colores,
perseguían alegres el sueño,
de aquél jardinero que soñaba.
El jardinero que soñaba,
con el tallo de la rosa mas preciosa,
que esperaba su vástago, rojo, como la pasión,
para cuidadosamente cortarlo,
y de la misma manera, amorosamente regalarlo
a cambio, eso si, de una sincera sonrisa.
Las flores y plantas más hermosas,
las dueñas de todas las miradas,
las mas deseadas, las más mimadas…
Petunias y pensamientos,
jacintos y pasionarias,
anémonas y alhelíes,
azaleas y marantas…
de todas, dios, pintor, poeta y creador.
El jardinero, que con manos de terciopelo
con mimo y esmero, susurraba a ellas,
sus amadas, sus joyas mas preciadas;
él, que en su sueño, íntimo y divino,
se hacía escarcha para besarlas,
y rocio para abrazarlas;
él, el jardinero que soñaba, esperaba y esperaba…
cuando llegará por fin… la mañana.
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ALTARES DE LA NATURALEZA

Poema y fotografia de jpellicer
Altares de la Naturaleza,
casi divinos y sagrados,
casi perdidos y olvidados;
lugares que guardan historias vivas,
historias de nómadas y apátridas,
de viejos indefensos,
de jóvenes voluntariamente perdidos,de almas confundidas,
de vidas, a veces, olvidadas y relegadas.
Altares de la Naturaleza,
lugares donde elevar mis plegarias,
esas que no van dirigidas a los dioses,
las que se lanzan a los cielos,
clamando inútiles verdades,aquellas que buscan las respuestas
incluso en mitad de tempestades.
Altares donde vivir y morir,
universos donde profesar cultos sagrados,
cultos cerrados a necios y malvados,
altares donde entregar ofrendas,
y regalar, sin dar, amores eternos.
Esos lugares perdidos,
recónditos y prohibidos;
lugares donde te conocí y después te perdí,
lugares suyos que hice míos,
lugares que guardan mis secretos y los tuyos,
lugares de paz y dolor…
esos lugares llenos de amor,
esos lugares llenos de vida.
Lugares de silencios que guardan
millones de promesas cumplidas,
solo una faltó que no llegó,
y esa, seguramente fue la mía,
aquella que no se hizo,
aquella que solo, se deseó.
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SILENCIOS

Poema y obra de jpellicer
  Si el silencio fuera negro y el sonido azul,
y blanco, y gris, y verde y rojo….
Entonces sería capaz de entender la fuerza con la que,
a veces, como oculto, nos habla.
seria capaz de ver todo lo que miro,de tocar todo lo que siento,
de sentir todo lo que toco,
seria capaz de volar allende los mares,
para después volver a regresar.
Si tu silencio y tu sonido… fueran,
seguramente yo, habría dejado de ser.
Caminos que en sus cunetas,
sentados, como esperando, cuerpos inertes,
sin oír, ni sentir, ni pedir,
esperando, solo esperando,
la llegada de sonidos y silencios de color,
aquellos sonidos y silencios que perdieron o les robaron,
los que daban sentido y calor y color a sus vidas,
los que inauguraron sus involuntarios días,
y apagaban sus mágicas noches.
Aquellos sonidos que se convirtieron en silencios,
eternos, negros y crueles silencios,
aquellos silencios que me hablan de otros
otros que llegan sin mirar,
y marchan dejando heridas sin curar.
Cansado y rendido,
sentado en aquella cuneta de aquél camino,
hoy te miro a los ojos,
quiero sentir tu silencio,
Quiero saber si puedes, envuelto en negro,
pasar sin verme,
mirarme sin sentirme,
quiero saber si soy, si estoy…
Dímelo con tu silencio negro y frió.
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SUEÑOS DE DESPEDIDA

Poema y obra de jpellicer






















En la fría y  negra noche
en esa noche sin estrellas ni luceros,
en esa noche que callada te llevó, confundida.
En esa negra y fría noche
que yo sabía por ti vendría,
y cuan solo, sin ti, quedaría.
Esas noches que esperan y llegan
disfrazadas de sueños,
envueltas en alegres centelleos,
esas noches que atrapan y cautivan,
noches que se visten de gala
arropando a esa Luna, que pasando… pasa.
Esas noches, no llamadas, no queridas,
noches que auguran lágrimas,
lágrimas que escondidas entre sus nubes,
lluvias, como besos, resbalan sobre mi cara.
Esa noche, dormido, soñé que soñaba,
soñaba que ya marchabas;
tu mano abierta, tu mirada serena,
tu sonrisa callada, tu silueta… dibujada.
Tú, que velaste todos mis sueños,
que hacías de las noches paraísos eternos,
y tus nanas… esas nanas susurradas
como sinfonías celestiales,
colmando y saciando todos mis sentidos.
Esta noche fría y negra,
que te lleva y me arrastra,
a ti, a tu seguro Edén,
a mi… que sé yo.
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BUSCANDO AZULES

Poema y obra de jpellicer


















Soñando con mañanas azules
envueltas en trinos secretos
y murmullos de vientos suaves.
Soñando con paisajes distintos
que siempre estuvieron;
cubiertos quizá por macabras sombras
pérfidas felices por su traición.
Quisieron estar, ser testigos del nuevo día,
de todos los nuevos días;
quisieron vivir con su traje de hogar,
con sus hojas, abrigos ocres y frágiles;
quisieron entre sus ramas abrazar y acariciar
a todos sus bulliciosos y alegres invitados.
Ellos, centenarios y callados, difícil condición,
buscan desde la quietud, la vida que les llega,
vida que es Toda y es azul.
Soñando con mañanas azules,
mañanas azules que nadie robará;
Nadie robará porque él es la vida,
y la vida, azul, viene por él cada mañana.
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MI NUEVO DIA, MI VIEJO DIA

Relato y obra de JPellicer
El día, con su Todo vivido, ya se marcha.
Se aleja despacio, como no queriendo; se despide otra vez y otra más, dejando millones de historias atrás, historias que sin argumentos parecieran quedar. Y yo, de nuevo aquí, mirando como te alejas, observando como te disfrazas de noche, dejándome otra vez con la palabra en la boca.
De nuevo admirando tu sublime belleza, esa belleza con la que solo Tu te sabes adornar.
Hoy vine a despedirte, y tu, como adivinando, regalándome tu mejor sonrisa, despacio, comienzas a desaparecer.
Antes del alba, cuando apenas te imaginaba, ya te sentía bello, ahora despidiéndote, sé que no me equivoqué.
Contigo llegó la paz que buscaba; el pan que necesitaba; el aliento que deseaba; el amor por el que luchaba… contigo llegó todo lo que, incluso sin comprender, me faltaba.
Tú, mi nueva página aún por escribir; mi nuevo lienzo sobre el que pintar… ese mundo blanco que espera.
Mi nuevo día, que te me ofreces entero, y yo, pobre, sin entenderte aún después de tantos siglos, conformándome y disfrutándote sólo aquí, testigo de tu despedida.
Mi nuevo día, mi viejo día…
Como agua que entre mis manos desaparece, así lo haces tú de mi vida. Contigo marchan mis ilusiones, y mis sueños, y todos mis anhelos, y contigo, como cosidos, marchan también todos mis amores, que no son pocos.
Junto a ti, seguramente un poco de mí, de la mano, sin volver la mirada, también desaparece. Y mientras te alejas, te desdibujas en negras nubes confundiendo mi mirada, y mientras voy dejando de verte, apenado, tu calor y tu color extraños presentes ocupan ahora imaginarios corazones.
Ya te imagino… aún más bello. Ahora que no estás, que te puedo poner nombre, que te puedo vestir y dibujar con los más bellos colores que ningún Arco Iris jamás poseyó. Ahora que puedo ser tu dueño (seguramente solo seamos dueños del pasado), ahora que me regalas la noche, ahora es cuando comienzo a creer en tu grandeza.
Mañana de nuevo regresarás, y vestido con otros colores, un nuevo día me inventarás. El alba, antesala de todo lo que está por vivir, será la que cariñosa, comience a hablarme de ti con músicas de nuevo desconocidas.
Un nuevo día está por llegar, será bello, será grande, será mío… pero también será Único.
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NUEVOS OJOS ... NUEVO CORAZON

Poema y obra de jpellicer

Hace muchos años, un sabio de los que a veces conocemos a lo largo de nuestra, me contó una historia que guardo en un lugar distinguido en el fondo de mi corazón.La historia no es mía, perotengo la sensación que, de tanto contarla y contármela (en los momentos de tristeza y soledad, es bueno no olvidarse de uno mismo y contarse historias, sobre todo aquellas que nos ayudan a sentirnos un poco mejor en medio de nuestra soledad, pero bueno esta es otra historia que contaré en otro momento...). Esta historia caló tan hondo en mí que incluso me olvidé quien me la contó, por eso pensé que fue un sabio, ellos, los sabios, suelen pasar desapercibidos. De tanto contarla en algún momento creo que definitivamente la hice mía.
Se llama, o le puse el nombre de “La historia de un Hombre Bueno” y dice así…
“Cuenta la leyenda que hace muchos años, muchos. Caminaba un Hombre Bueno acompañado de sus amigos, que también eran hombres buenos, por mitad de un bosque. Iban paseando, charlando, comentando… hablando de todo aquello que suelen hablar los hombres buenos cuando pasean por entre los árboles del bosque. (Todos los hombres buenos, cuando pasean entre los árboles, hablan de cosas muy importantes, escudriñan cosas en el más allá, a veces incluso permanecen en completo silencio para escuchar todos los silencios, ya comentamos en una ocasión que los silencios son los idiomas de la Paz, pero de esto, como la historia de la soledad de arriba, ya lo comentaremos en otro momento). En estos paseos era muy respetada la palabra del Hombre más Bueno de todos los buenos. Por eso casi nunca hablaba. Casi siempre escuchaba.
Caminando y caminando, este Hombre Bueno, mientras escuchaba y respondía, no dejaba de contemplar y admirar todas las bellezas que aquél idílico paisaje inventaba.
Sucedió que pasaron cerca de lo que parecía ser un vertedero. Así lo intuyeron todos aquellos hombres buenos, debido al hedor que según se acercaban, este desprendía. Los hombres buenos, llevándose sus manos a la boca y la nariz, trataban de eludir aquél nauseabundo olor. Era insoportable. En su afán de evitarle al Hombre Bueno pasar aquél mal momento sugirieron dar la vuelta… regresar… cambiar la dirección.
El Hombre Bueno, enamorado de aquél paisaje, y haciendo caso omiso de las advertencias del resto de hombres buenos, decidió seguir con el paseo, adentrándose en aquél lugar repleto de miseria y podredumbre. Todos loshombres buenos, con sus manos tapando sus bocas y narices, y dando arcadas evitando vómitos, con gesto displicente, seguían al Hombre Bueno, que impasible y sin perder la sonrisa, continuaba caminando.
Inesperadamente el Hombre Bueno se detuvo, y quedó fijamente observando lo que en el suelo inerte yacía. En ese instante todos los hombres buenos pararon junto a él para contemplar aquello que había llamando la atención delHombre bueno, Pronto todos comenzaron a vomitar. Todos comenzaron a protestar. Incluso alguno hubo quién abandonó al grupo alejándose. Con mal gesto intentaban apartar y alejar al Hombre Bueno (que permanecía con la mirada fija en aquel perro, que muerto, yacía completamente desfigurado).
La escena ciertamente era muy desagradable. El hedor insoportable. Aquel animal debió tener una muerte muy desagradable. Su cuerpo girado yacía abierto y, gusanos blancos y sedosos, como si de un gran manjar se tratara, corrían entre sus carnes, escondiéndose entre sus huesos, algunos de los cuales se veían completamente fracturados. Sus ojos permanecían abiertos, con esa mirada fría que no dice nada, pero que si te fijas lo dice todo, (por cierto ¿alguna vez habéis observado fijamente la mirada (los ojos) de una persona que acaba de fallecer?, es increíble los mensajes que encierran esas miradas, mensajes que en muchos casos, nos hablan de cosas insospechadas… pero esta es otra historia, como la de la soledad o los silencios de la Paz que hablábamos antes, de la que hablaremos en otro momento.). Ante el asombro de todos los hombres buenos, observando como el Hombre Bueno miraba y parecía recrearse ante aquella dantesca escena, sin comprenderlo, no dejaban de hacer aspavientos de repulsión y repugnancia. Tras un largo silencio, el Hombre Bueno se dirigió a ellos al tiempo que se agachaba señalando con su dedo aquél cuerpo podrido y mal oliente.
-- Fijaros, decidme, ¿Que opináis? – preguntó el Hombre bueno -.
- Es horrible, da asco, es repugnante, respondían algunos hombres buenos.
- No lo soporto, decía otro.
- Jamás había visto algo tan horrible, contesto otro al tiempo que limpiaba su vomito.
Y así todos, uno a uno fueron constestando. Entonces el Hombre Bueno, acercando su dedo aún más al cuerpo del aquél animal, dijo clavando su dedo en la dentadura de animal;

Os habéis fijado en los gusanos, en la carne podrida, en los huesos rotos. Habéis sentido el olor desagradable de su podredumbre. Pero ninguno ha reparado en su dentadura. Ninguno se ha fijado lo perfecta que es, lo blanca y lo bien formada que está. Ninguno se ha parado a ver esos colmillos perfectos. No os habéis fijado que aún conserva intactos sus 42 piezas. Tampoco habéis reparado que su boca encajaba perfecta, configurando una cavidad hermética. Además este animal debió estar muy bien cuidado ya que no tiene rastro de sarro ni caries en ninguna de las piezas. El Hombre Bueno explicaba todo esto al tiempo que con su dedo iba detallando y señalando todos los pormenores.
Aquellos hombres buenos, mudos, comenzaron a apreciar la belleza de aquella dentadura.
Aquel Hombre Bueno guardó silencio. y al poco tiempo, improvisando una sepultura, depositó aquel cuerpo en aquél improvisado y amoroso nicho.
Esta es la historia del Hombre bueno.
Esta historia me enseño que siempre tiene que haber un motivo para la esperanza, un motivo para la ilusión. Me enseño a buscar, a intentar descubrir el lado bueno de las cosas. Me enseñó que la grandeza y la pobreza son hijas de la misma madre. Y también me enseño que yo puedo, si quiero, ser un Hombre Bueno o por el contrario seguir siendo solo unhombre bueno.
¿Sabéis como distinguir a los Hombres Buenos de lo hombres buenos?
Los Hombres Buenos van, a veces en silencio, repartiendo sonrisas. Los otros hablan más pero casi siempre están serios.
(jpellicer)
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BELLOS Y SOLITARIOS

Relato y Fotografía de JPellicer

Paisajes tranquilos y multicolores; paisajes llenos de azul, el azul de los cielos, de aquellos cielos tan lejanos y tan cercanos. Paisajes soñados y vividos, confundidos en mi interior. Bellos paisajes que sin dueños, esclavos de todos parecieran.
Bellos y solitarios paisajes que nos acogen, acaso para hablarnos sin palabras… mostrándose de belleza, implorando así, nuestra clemencia.
Paisajes solitarios, que sintiéndose últimos, continúan luchando, simplemente estando; es de este modo como ellos viven, simplemente estando.
Paisajes que fueron los más leales confidentes. Paisajes cómplices que en aquellas noches de verano ocultaban figuras de amantes amándose. Paisajes bellos, que despiertan antes del día, ocultándose para recibir tranquilos, las nanas que la Luna, meciéndolos, le susurran.
Bellos paisajes que intentan rodearnos y abrazarnos, y nosotros pobres desdichados… sin llegar a entender.Son los mismos paisajes del ayer, que hoy, igual de bellos, lucen menos. Igual de cercanos se sienten tan lejanos.
Paisajes que son nuestra vida; que dieron sentido a nuestro pequeño mundo, que dibujaron nuestros primeros colores; que hablaron para nosotros; paisajes en donde nos perdíamos para luego volver a aparecer más sanos y mas salvos. Paisajes tranquilos que se vestían de verdes y amarillos y yo, entre silencios de admiración bautizaba, llamando Otoño a unos, Primavera a los otros.
Los de otoño me hablaban de fríos, de hojas que bailaban en sus suaves caídas, de senderos húmedos y ríos plateados. Aquellos de Otoño eran bellos, porque entre ellos, melodías impensables llegaban a nosotros envueltas de trinos aislados a modo de despedida. También los de otoño tenían el encanto del último adiós, de la noche, del sueño tranquilo, del beso en la mejilla y la suave caricia de la mano posada, como protegiendo, nuestra faz. Aquel rostro del que aún sin marcas ni arrugas, ni lágrimas que, en su huida, van dibujando sobre nuestra piel aquellos ríos plateados, sonríe tranquilo y cerrando los ojos se entrega a la noche.
Los de Primavera, alegres, vestidos de todos los colores, aquellos que adornaban su cabeza con su mejor tocado, tocado llamado Arco Iris. Aquellos paisajes de primavera, como niños jugando, presumidos, vestidos de domingo. Paisajes de primavera soñados, ansiados, deseados…
Ellos fueron la inspiración del poeta; el lienzo del pintor, la morada del que ama, ellos aportaban esa nota perdida en la más bella de las melodías. Ellos también fueron el sosiego y la armonía del inquieto y la fuerza del débil. Los paisajes de primavera siempre fueron cortos porque siempre eran vivos. Las personas nos hablaban de ellos, a su manera, así conocíamos de su llegada; cuando los almendros se vestían de blanco, cuando miles de especies, al tiempo despertaban; cuando aquellos ríos plateados, locos de alegría, saltaban por encima de las rocas, cuando podíamos ver a lo lejos mas paisajes de más primaveras y cuando al final del día, aun impregnados de hierba y verde y con todos los colores llenando nuestro corazón, dibujando sonrisas abrazábamos de nuevo nuestra Luna.
Bellos y Solitarios paisajes que fuisteis todo para Todos; que entre vuestros colores todavía hay millones desconocidos y entre vuestros aromas aun guardáis los mas preciados para la segunda vez….
Bellos paisajes, decidnos:
¿Alguna vez fuimos parte de ti?...
Tu silencio, ese que escucho siempre que te miro, me dice que Si.
- Entonces discúlpanos si tantas veces te ignoramos.

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HISTORIA DE UN HOMBRE GRIS en un mundo gris

Relato y obra de JPellicer















Esta es la historia de un hombre Gris en un mundo Gris. Es la historia de un hombre que sin darse cuenta, comenzaba a vivir soñando y a soñar viviendo. Esta historia pudo haber sido la tuya o la mía, o la de cualquier otro pero fue la de él.
Azet Sirt ese era el nombre que aquél hombre. Todos los conocían como Azet. Nunca llegó a entender porqué su madre jamás le llamó por su nombre; ni tan siquiera sabia quien se lo puso ni porqué, ni cual su significado, nadie se lo explicó.
Los amigos de Azet tenían nombres distintos, nombres que él no entendía: su mejor amigo se llamaba “Rolod”; juntos disfrutaban mirando durante horas (ahora no se decía horas, se hacia una señal con la mano extendida doblando los dedos hacia el interior de la palma) los nidos de los pájaros que un viejo árbol situado detrás de su casa entre sus troncos guardaba. Recuerda el día que tuvieron que dejar de ir a ver los nidos de los pájaros; al girar la calle que los conducía al árbol vieron, asustados, como una máquina negra y grande, lo arrancaba. Esa máquina no era conducida por nadie, se movía sola. Más tarde aquel árbol que era grande se convirtió en polvo amarillo que al poco tiempo también se iba haciendo gris.
También recuerda a “Samirgal”. Este era un poco mayor que ellos. Lo último que recuerda de Sam (así lo llamaban) fue verlo marchar caminando, junto a sus padres ya mayores, sin dejar de girar su cabeza diciendo adiós con aquellos ojos llorosos. De su amigo Sam también guardaba para sí un recuerdo; ellos eran muy aficionados a pintar nubes, y les gustaba hacerlo de una manera muy especial. Por las tardes, después de la merienda, marchaban al lago que había cerca de casa, más allá del árbol de las cenizas (de esa manera comenzó a llamarse aquél lugar). Al llegar al árbol, aquél que hubiera perdido la tarde anterior, debía dibujar las nubes, pero no las del cielo, no, había que dibujar los reflejos que ellas proyectaban sobre las aguas del lago. El otro, después, mirando aquél dibujo, tenia que pintar un cielo real. Era muy divertido aquél juego, recuerda cielos azules llenos de enormes nubes blancas. Al poco tiempo, tuvieron que dejar de pintar nubes, ya no merecía la pena, todos los dibujos comenzaron a ser iguales. Apenas se notaba la diferencia del cielo y las nubes, incluso el lago también empezó a verse gris, y claro los reflejos de las nubes blancas poco a poco empezaban a ser grises. Se contentaba pensando que a partir de entonces las nubes blancas solo estarían en su mente, una mente capaz de inventar un lago azul donde proyectar las nubes blancas, además como la mente era la suya y él el inventor, el lago sería más grande que el otro, de tal manera, creía inocente, tardaría más en volverse gris.
Recuerda a una chica de pelo rojo y ojos negros muy grandes que se llamaba “Arugrama” aunque todos la llamaban“Arug”; con ella, Azet, hablaba de montañas y ríos y prados de color verde. “Arug”, que era más pequeña, jamás vio un prado verde, por eso Azet le explicaba como eran. Ella, sin dejar de mirarlo, oía todo lo que Azet, emocionado, contaba acerca de los prados verdes. Sonreía Arug cuando Azet, con los ojos muy abiertos sin parar de gesticular con las manos, contaba que en los prados verdes hubo un tiempo donde las familias llegaban de todas partes y se acostaban y, mirando las estrellas, quedaban dormidos; y los niños corrían y se caían y no se hacían daño. Los prados verdes, eran tan verdes, que a veces, las flores verdes no se veían, solo las amarillas y las rojas se podían coger. Arug, asombrada por aquellas historias, preguntaba una y otra vez a Azet cuando la llevaría a ver un prado verde aún a sabiendas que no podría ver las flores verdes; Azet no encontraba respuesta. Sabia que en aquellos prados los niños hacia tiempo habían dejado de correr, estaban rodeados de cables y alambradas muy altas, estaba prohibido acercarse a ellos, decían que era muy peligroso desde que los hermanos Sodidrep, un día estando en el prado perdieron las piernas. Arug pensó que seguramente habrían pisado alguna de aquellas flores grises que Azet le contó habían empezado a crecer. continuacion
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EN EL DIA DE HOY: 1950

Texto y obra de JPellicer
Imaginando momentos llegamos a descubrir sensaciones hasta ahora desconocidas. Sensaciones que, a pesar de llegar con nosotros, de formar parte de nuestro fugaz equipaje, nunca llegaron a ser reconocidas ni admitidas.
Con el paso del tiempo vamos cayendo en la cuenta que nos van faltando o sobrando (nunca se sabe) las palabras, los argumentos, las respuestas… No por no tenerlas, sino porque seguramente ya no interesan, ya han dejado de importar. El paso del tiempo nos va relegando a rincones donde, desde la oscuridad y el silencio, si supiéramos, podríamos empezar a vivir una vida junto a nosotros llena de amor y disculpas.
Amor y disculpas por habernos convertido en nuestro más feroz verdugo. Por haber consentido, algunas veces por miedo, otras por indiferencia, la mayoría por ignorancia, ser los principales actores de una obra de teatro donde la miseria, el dolor, la violencia y la injusticia fueron el gran argumento; fuimos los principales actores en ese inmenso teatro sin darnos cuenta que no había público que nos aplaudiera, que no fuimos capaces de arrancar una sola sonrisa, que todo lo que hablábamos fueron palabras inventadas por otros, otros a los que, curiosamente, no les gustaba el teatro.
Por haber consentido ser testigos mudos, de llantos, de manos extendidas; de miradas cargadas de ¿porqués?; de cuerpos abandonados a las más duras situaciones (las de la indiferencia). Por haber girado nuestras miradas a vergeles y paraísos sin darnos cuenta que allí podía haber cabido otro más. Por haber llenado platos de comida sin preguntar al final ¿falta alguien? Por no sujetar la mano que pega, por no tapar la boca que escupe…
Por haber guardado silencio ante las voces y gritos de los que solo eso sabían hacer; y por haber gritado a los que amaban los silencios y hablaban con el alma…
Nosotros, que somos viajeros con billete de vuelta, que en nuestros bolsillos apenas caben nuestras manos; nosotros que hasta para llorar hemos pedido permiso; nosotros que para amar tuvimos que engañar, y por saber engañar nos olvidamos de amar. Nosotros que ocupamos dos sitios en el tren de la vida sin saber que para ese largo viaje fue el dueño de aquél viejo tren quien, apiadándose, nos lo prestó. Nosotros, que ciegos creímos ver maravillosas puestas de sol, sin darnos apenas cuenta que aquellas maravillosas puestas de sol, eran auténticos retratos pero que jamás reconocimos como nuestros simplemente porque nos hablaban con otro idioma. Nosotros que llegamos con lágrimas y nos marchamos dejándolas en los ojos de los demás. Nosotros que buscamos y buscamos sin dejarnos encontrar; que exigimos sin reparar en todas las voces que desde todos los mundos (nosotros parecemos conocer solo el nuestro) claman toda la justicia que falta en nuestra exigencia. Nosotros, que al entrar en la noche, contamos todo lo ganado, sin oír el murmullo de quien en esa misma noche no cuenta sino canta la más triste de las canciones, en la esperanza que sus dioses, clementes, con sus finos mantos de oro y púrpura cubran aquellos míseros cuerpos desnudos y expoliados.
Nosotros no tenemos oídos para escuchar, solo han sido usados para oír, y de lo oído casi todo lo hemos rechazado.
Ahora, como aquél payaso que creía saber el mejor chiste del mundo, y se dio cuenta que no tenia publico a quien contarlo.
Como el más afamado de los pintores que, al final de sus días, descubrió desolado que jamás había sido capaz de pintar un cuadro que, aunque fuera el más feo de todos, fuera suyo.
O como el más grande escritor de todos los escritores que, a través de su ventana, entre sueños, acariciando sus últimos instantes, observó casi sin aliento como sus lectores, entre gritos que no lograba oír aunque si sentir, mostraban todos sus libros con las paginas en blanco…. Páginas en blanco porque jamás fueron escritas con el corazón.
Ya sé que tú no hiciste nada de eso, seguramente yo tampoco, por eso, porque quiero que nuestro libro no lleve páginas en blanco; porque quiero que a nuestro vergel lleguen todos; porque no quiero que pasemos las noches contando sino cantando, por eso y por todo lo demás queridos amigos, os propongo una cosa, solo una: que este año de1950 sea el primero de nuestro “Gran compromiso” Que cuando seamos ancianos, allá por el año 2008, aquellos que lo vivan, recuerden este compromiso que nació de estas letras, y ellos, testigos directos, puedan, esbozar la sonrisa de todos, también la tuya y la mía. Al menos los que lo consigan, habrán luchado por poner letras del corazón en el libro del hombre.(jpellicer)
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DESPEDIDAS


Relato y fotografía de Juan Pellicer
 
 Paseaba como cada tarde esquivando las rocas que se dejaban acariciar por las suaves y cadenciosas olas del mar. Los últimos rayos del Sol se estrellaban sobre el mar proyectando mágicos reflejos de millones de colores. A veces, como robando mi voluntad, me sentía atrapado por ellos siendo imposible dejar de mirarlos… Mis tardes se inventaban así, plácidas. Ellas invadían todo mi ser con sus aromas, con suaves y cálidas brisas rozando mi piel; me proporcionaban la paz y el silencio que otrora tanto necesité.
Esos largos paseos junto al mar se habían convertido inevitablemente en sublime liturgia a la que, entregado voluntariamente, me disponía todos los días.
Sin embargo, aquél día algo inédito rompía el cotidiano y familiar marinero paisaje; una figura. A medida que me iba acercando, de mi mente desbordada, miles de hipótesis justificaban el porqué de aquella solitaria presencia. Al llegar a su altura hubo un detalle que me hizo parar y, de manera sigilosa, acercarme hasta él.
Era un hombre de mediana edad, que sentado con las piernas estiradas y los brazos apoyados sobre la roca, perdía su mirada y, me pareció que incluso su yo mas íntimo, en el horizonte. Apenas reparó en mi presencia salvo cuando, seguramente de manera inoportuna, irrumpí, poco respetuoso, en su silencio con un “-buenas tardes, amigo-”. Él, desviando su mirada, clavó sus ojos en los míos, y apenas susurrando y esbozando una leve sonrisa, devolvió el saludo. No hubo más palabras, más conversación, no hubo nada más, solo un doble silencio compartido junto al mar.
Al día siguiente, en el mismo sitio y a la misma hora, esa enigmática figura, de nuevo se oponía entre el mar y yo. De nuevo, al llegar a su altura, un “buenas tardes amigo” volvió a salir de mi boca y de nuevo aquella figura silente respondió con una casi imaginada sonrisa. Otra vez junto a él contemplando el mismo mar, el mismo horizonte. De nuevo dejándonos acariciar por la misma brisa y, seguramente de nuevo, sintiendo las mismas emociones. Quizá la única diferencia sería el punto de partida; en mi caso, la felicidad; en el suyo, posiblemente, la tristeza. Eso al menos es lo que, sus silencios, me decían.
Al día siguiente el mismo ritual. Al placer infinito de pasear junto al mar, y sentir los murmullos de las brisas; de pisar sintiendo todo mi cuerpo como bailando con el viento; de llenar mi ojos con los colores reflejados y henchir mis pulmones con aquel aire con olor a sal y brea que me llenaba de vida; de perseguir el vuelo de las gaviotas… A todos esos placeres, ahora, inevitablemente, se unía el de comprobar que aquella misteriosa figura que solo hablaba con medias sonrisas, de nuevo estaba en su roca, frente a su horizonte, enzarzado, probablemente, en feroz batalla contra sus tristezas.
Hoy entendí aquello y comprendí que ni tan siquiera el “buenos tardes, amigo” debía interrumpir los silencios que se veían. Solo me acerqué, solo quería estar. Algo dentro de mí me invitaba a pasar, pero descalzo para no hacer ruido. Me dejé llevar y, sentándome junto a él, comenzamos a compartir, en silencio, como se comparten las cosas que importan, el mismo horizonte, aunque seguramente desde montañas distintas…

- ¿Te has dado cuenta lo grande que es el mar? Me preguntó, saliendo tímidamente de su mundo.
- Si, conteste confiado, seguramente nos faltarían vidas para verlo en su inmensidad.
- Es cierto, respondió.
- Y a ti, ¿Te gusta el mar? Pregunté.
- Si, a mi también me gusta el mar. Yo también vengo en su busca. Yo también tengo mi lugar junto a él.
- ¿Y porque solo, y porque aquí, y porque todos los días, y porque en silencio? Mis ganas de saber se volvían infinitas.
- No lo sé, seguramente ahora me ocurre a mi, lo que hace muchos años también te ocurrió a ti. Alguien muy querido, alguien que llevaba mi misma sangre y un día me dio la vida, partía, en viaje sin retorno hacia el infinito, por este inmenso mar que a los tres nos vio nacer.
Se merece una larga despedida y una media sonrisa de agradecimiento. Solo, desde este, imaginario altar, mi corazón feliz, se reconcilia con la vida.
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ATADO A TI

texto y foto de Juan Pellicer

 
  Sin separarme nunca, tu encierras mí historia, la de los míos. Tú me hablas de otros mundos, de otras gentes…yo vivo atado a ti como si fuera parte de ti. Junto a ti aprendí a conocer y a conocerme.
Llevo contigo toda la vida y tú, ola tras ola, toda la vida de todas las Vidas.
Libre para todos, ni esclavo ni tampoco dueño, solo azul, vivo, inmenso… sin fin.
Mirándote, mis ojos se pierden en mundos desconocidos que solo tú inventas para mí todos los días. Mundos donde el mar y el cielo, fundidos en el horizonte, como jurándose amor eterno, forman uno; (quizá por ello, cuando nuestro corazón nos dice que somos felices, vemos el cielo tan azul como el mar, y el mar, en calma, se trasforma), y allá, más allá del horizonte otro mar, el mismo mar.
Espejo de estrellas en esas noches donde enamorados, locos, sin dejar de mirarse, de acariciarse…de sentirse, su amor te brindan y arrojando sobre tus aguas vivas pétalos de rosas imaginarios, se ríen, bebiéndose a besos, su bendita locura.
Cuando te sientas muy triste y muy solo, amigo, como decía la canción, “…vete a la orilla del mar…”.
Y cuando sientas la tristeza, y cuando las ganas de llorar, y también la soledad del que, después de tanto amar, ese amor lo abandonó. Cuando las noches no tengan fin, y los días tarden en pasar. Cuando sientas que ya no estás, entonces amigo, también ve a la orilla del mar.
Cuando tengas ganas de llorar; y cuando te ahoguen los silencios y te embarguen todas las soledades; y cuando quieras escuchar sólo a tu corazón; y cuando la palabra ¿Por qué? Sea la única que obtengas por respuesta; y cuando te sientas pequeño y abandonado, y frágil; y cuando creas y sientas que ya no importas; y cuando veas claro que tu obra desapareció con el aire del pasado y apenas, en aquellos que un día te quisieron, queda la memoria. Cuando comprendas que perdiste mucho tiempo mirando hacia fuera, sin comprender que tú estabas dentro, y ahora, buceas en lo más profundo de tu alma buscando ese niño abandonado que, aún hoy, en tus frías noches de llantos y amarguras, sientes llorar.
Cuando todo esto te ocurra, querido amigo, ve a la orilla del mar. Seguramente allí, sentado sobre la arena blanca, en silencio, encontrarás el más codiciado de los tesoros: “un precioso niño, jugando con su pala y su cubo, que te dice:“- Hola ¿Dónde estabas, porque te fuiste?”
Será entonces cuando, feliz, comprendas aquello de Atado a Ti, sin separarme nunca…
Será entonces, querido amigo, cuando comprendas que tú también, quizá sin saberlo, vives Atado a El.
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LAGRIMAS SENTIDAS E IMAGINARIAS

Texto y foto de JPellicer

 
 En mis noches, sentado sobre imaginarias rocas, frente a imaginarios mares antes azules, gritos de silencios estallan, rebeldes, clamando Paz.
Clavo mis ojos en las estrellas buscando respuestas, y aquellas, deslumbrantes, se vuelven negras, cuando, lágrimas de impotencia y millones de nudos de millones de gargantas apagadas, también en los silencios frente a mares imaginarios, unidos, corazones atravesados desembocan como ríos imaginarios en aquellos mares también imaginarios.
Cuanto dolor innecesario, cuanta pena almacenada, cuanta rabia contenida… cuanto aún por vivir y sin embargo ya llegaste, amigo.
De nuevo nos robaron la sonrisa, de nuevo dientes apretados y cuerpos abrazados, abrazados para soportar, así, mejor la pena. De nuevo, amigos, nos quedamos un poco más solos, nos falta él. De nuevo, el gélido aire de la locura nos hiela la sangre e indefensos, otra vez, y otra más, gritamos: Basta, con la triste certeza de saber que, pasado breve tiempo despertaremos a la tragedia.
(leer "TU RISA" poema de Pablo Neruda)
Ya desperté, la macabra ceremonia de la desgarradora despedida, tiñe de negro, también imaginario, como mis ríos y mis mares, mi aliento. Incapaz de comprender tanta locura, dejo al aire más marinero estos versos de P. Neruda, como a mi me gustaba oírlos, (cantados y contados en las voces de Olga Manzano y Manuel Picón).
Esta es mi pequeña contribución a todos los que como yo, en un día como hoy, hemos perdido, además, un poco la sonrisa.
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LA LLAMADA DE LA NATURALEZA

Texto y obra de JPellicer
 
"Cuando hayáis talado el último árbol, cuando hayáis matado el último animal, cuando hayáis contaminado el último río, os daréis cuenta de que el dinero no se come" (de los indios cris, Canadá)
Basta sentirse perdido entre los bosques para comprender la grandeza de la Naturaleza. Vamos paseando y nuestros “cinco o…veinte” sentidos, abiertos, no dejan escapar ninguna sensación.
Nuestros ojos se llenan de muchos colores; amarillos, ocres, naranjas, verdes… colores que además se mueven, ¡¡¿colores que se mueven?!!.
Si, esos colores se mueven y en su movimiento nos muestran senderos por donde llevar nuestras tristezas para que formen, en la lejanía, un nuevo color. Son aquellos grises y negros que se otean allá, al fondo.
Nuestros ojos, invadidos de colores en movimiento, adivinan ahora que son nuestros oídos los perciben los trinos de los pájaros que “peor cantan”, (los trinos de los que cantan bien no los oímos, solo los escuchamos, creemos que son las hojas de los árboles cuando caen y suaves se acuestan sobre el suelo). Ellos, acostumbrados a bocinas, estruendos y alborotos, no son capa
ces de oír ni tan siquiera lo que le dice el viento de otoño a la rana que mira. Ellos, los oídos que un día oyeron, hoy, confundidos, apenas distinguen entre el vuelo de un gorrión que acaba de llegar al otro extremo del bosque, y mezclándose, con los grises y negros, enseña a comer a sus poyuelos; de los arrumacos y caricias que el agua de la cascada hace al junco, que espera paciente, la llegada de su amada, fresca, limpia y cristalina…
Nuestras manos sienten, vacías y secas, como si estuvieran llenas de todo, (sucede a veces que estamos llenos de todo, tanto, tanto, que tenemos la sensación de estar completamente vacíos, claro será por que lo tenemos todo). Sin embargo ellas, que estando llenas se sienten vacías, abrazan al árbol, y al oído (¿acaso no sabéis que los árboles tienen oídos?), le dice: ¿tantas ramas y tantas hojas, y todas tuyas? Y el árbol, en su generosidad y nobleza, apiadado, responde: si, ellas son mis manos y siempre están llenas porque nunca aprietan, porque aprendieron a crecer, sencillamente creciendo. ¿Te has fijado alguna vez que las ramas de los árboles siempre están hacia abajo? (fíjate la próxima vez que vayas a la montaña). Mis manos, que no entienden de hojas, ni de ramas, solo buscan algo que tocar, es entonces cuando, viéndolas, una junto a otra, comprendemos que, como el niño empeñado en meter toda la arena de la playa en su cubo, igual estas pequeñas manos no saben que ya están llenas, llenas de colores que se mueven y de sonidos que se dejan atrapar por ellas, el sonido de la flor amarilla, el del agua besando las piedras, o aquél otro más difícil de oír, pero que en silencio, se distingue, como es el sonido de los reflejos en el agua, justo en el momento que el color verde se mueve para dejar sitio al azul.
Mientras nuestros ojos sorprendidos disfrutan con sus colores y nuestras manos, llenas pero vacías, se acaban de llenar para vaciarse tal y como nos dijo el árbol, vamos saboreando, sí saboreando. Sabores dulces y amargos que nos hablan, los primeros de cuando llegamos; los segundos de cuando nos fuimos. Nunca lo había pensado pero es cierto. ¿Qué siente nuestro paladar cuando estamos inmersos en plena naturaleza? Os invito a comprobarlo, es una mezcla muy agradable entre el chispeante y casi ácido sabor de las primeras naranjas de otoño, mezclado con el suave y dulce del plátano macho cocinado que es suave y mantecoso. Dejarnos invadir por la sensación de paladear pausadamente una Guanábana sintiendo esa mezcla agridulce mientras, impregnados de su aroma, dejamos hueco para la vainilla y el caramelo que también sabemos encontraremos aunque no sepamos ni cuando ni donde.
Deslizo suavemente mi mano por la rugosa corteza del árbol y, siento al mismo tiempo, su fuerza y su debilidad. Él que se sabe grande tuvo que inventar la resina para protegerse de enfermedades sin embargo no fue capaz de inventarse nada para protegerse del humano. Mi cuerpo, en sincera reconciliación, se quiere fundir con el suyo y mis manos recorren cada una de sus rugosidades. Así, pegado a él voy, de nuevo, experimentando nuevas sensaciones, que, callado y cansado, va regalándome una y otra vez.
Finalmente, abatido por tanta dicha, me voy deslizando hacia el suelo y, apoyando mi espalda sobre su gran cuerpo, comprendo que, otra vez, la vida me ha sorprendido. Apoyado comienzo a sentir, comienzo a experimentar plácidas sensaciones que me llevan al principio de los tiempos. Ahora, sintiéndome seguro por estar en casa, he comenzado a comprender lo dichoso que pude haber sido.¿Pude haber sido?...
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ALCANZANDO CIMAS

texto y fotografia de Juan Pellicer
 




















Entre árboles y riachuelos, percibiendo todos los regalos que aquella tarde de otoño, la naturaleza me entregaba y oyendo el crujir de las hojas caídas que, a modo de alfombra, se amontonaban en el suelo, mi mirada, confundida por tanta belleza, quedó absorta ante esta bella imagen.
Muchas veces ocurre que lo más difícil de la vida, decía el pensador, era llegar a entender su terrible sencillez. He tenido la oportunidad de vivir esta frase varias veces para, al final, llegar a empezar a creer que estoy de acuerdo con ella.
Aquella ardilla, subiendo alegre, ligera, trepando por su árbol (su árbol puede ser cualquiera), haciendo únicamente aquello para lo que vino a este mundo, naturalmente, era capaz de devolver, si devolver, la sonrisa a quién, seguramente por un motivo banal, hace tiempo la había perdido. La sonrisa casi siempre viene envuelta en papel fino y delicado, es frágil. Quien la provoca incluso no es consciente de la sensación del que la recibe. Quien la provoca, igual que la ardilla, no hace sino lo que en su vida es lo normal, sin embardo para quién la recibe, posiblemente, pueda llegar a ser incluso la tan esperada respuesta; ese medicamento que, a veces, tanto necesita el alma. (Si amigos todos sabemos de los medicamentos del cuerpo y también, aunque no los podamos comprar en farmacias, de los del Alma). Estos últimos, los del Alma, solo nos lo pueden recetar las ardillas, siempre que tengamos tiempo de ir a su consulta, la naturaleza, y por supuesto, estemos dispuestos a pagar el alto precio por el medicamento recetado, la sonrisa.
Esta es la terrible sencillez a la que me refería al principio.
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AMIGO FIEL

texto y fotografia de Juan A Pellicer 

 
 Esta fotografía tiene una historia muy especial. Me encontraba haciendo unas fotografías en este Cementerio y elegí precisamente un día y una hora donde fuera probable que hubiera pocas personas de visita, como así ocurrió. Efectivamente el cementerio estaba prácticamente vacio, lo cuál facilitaba mi trabajo ya que de esta manera podía sentirme más libre aún para actuar, (todos sabemos el precio alto que tiene la soledad para captar momentos), cuando me percaté, entre las estrechas calles de lápidas de la presencia de un ser que no dejaba de observarme. Era un perro (este de la fotografía). Bueno en un principio pensé sería del lugar y no había encontrado un sitio mejor donde descansar tras una persecución con algún intrépido gato.

Después de observarnos ambos durante un tiempo razonable como para inspirarnos la suficiente confianza, pensé que podía ser una buena fotografía. De manera que lentamente me fuí acercando. Lo hacía muy despacio, no queria que se moviera o asustarlo, quería esa fotografía, quería conseguir el ángulo perfecto, el encuadre ideal... quería la mejor fotografía.
El perro seguía observándome, miraba todos mis pasos, sus ojos perseguían todos mis movimientos. Sentí como que me autorizaba a acercarme todo cuanto quisiera, él no se inmutaba.
Tardé poco en descubrir que este animal no estaba allí descansando tras una persecución. Ni formaba parte de la plantilla del lugar, no. El motivo, como pueden comprender, era muy distinto. Este animal estaba sentado, y así llevaba muchos días, sobre la tumba del que fué su dueño. Este animal decidío no abandonar a la persona que más quiso en la vida.
Cuando comprobé esta historia, (me la contó el propio encargado del lugar), regresé de nuevo a despedirme de aquél animal. Él seguía allí, sentado encima de la que, seguramente, sería para el resto de sus días su nueva morada.
A partir de aquel momento, esta fotografía dejó de ser bonita o fea, dejó de estar bien o mal encuadrada, de tener gamas tonales cálidas o fuertes, de tener zonas quemadas o subexpuestas, a partir de aquél momento todo eso ya dejó, para mí al menos, de tener importancia en esta fotografía. Desde aquél momento esta escena dejó de ser una fotografía para convertirse, en todo un símbolo, la expresión más alta de Lealtad y Fidelidad.
Con esta fotografía rindo mi humilde pero sincero homenaje a todos los animales y especialmente a aquellos que, junto a nosotros, han participado y participan de lo que vamos siendo...
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