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ESPECTROS

Poema y obra de Angeles Charlyne
 Se desmembra la noche
en sudorosa lluvia de espectros.
El frío manto penetra como larva...
en el agujero de sensaciones perdidas.
Un grillo canta la canción del adiós.
La carne violácea, vacilante y herida
se rinde ante la tierra del asombro.

Angeles Charlyne
De “Vitral” - Editorial “DE LOS CUATRO VIENTOS
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DULCE SUEÑO (PAZ)

Poema de Manuel Parra y obra de Adela Casado



















Un sueño dulce acaricia las fronteras de mis sentidos,
en la lejanía de tus recuerdos contemplo mi cuerpo
desnudo de las olas que lamen mis pies adormecidos,
mis manos buscan errantes tus cabellos y el recuerdo.
Añoranzas de tertulias entre brumas de salitre y soles
entre frondosos encinares sobre sólidos campos,
y nubes pasajeras con melodías de otras tierras,
que abrigan nuestra alma y aman la belleza sincera,
de las risas, de los ojos , de las manos.
Entre soledades amadas nadan los destinos,
de los que un día miraron dentro, muy dentro,
de sus casas derruidas, no de guerras, ni batallas,
sino por perder el peso y encontrar nada,
el cuerpo frágil , pero el alma hermosa que baila,
en tardes de malvas, silenciosa y poderosa,
entre tus pensamientos y los míos, de mi casa
a tu casa, sin trincheras ni armaduras, bien abiertas
como corazones buenos y almas serenas.
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DESPIERTA MUNDO


Poema y obra de Manuel Parra

¡Despierta mundo!, ¿no ves que tu cielo es gris?
,¡despierta ya!, ¿no te falta el aire para respirar?,
¿no te das cuenta que tus tierras son manchadas,
maltratadas y explotadas, como esclava de tus delirios?
no comerás monedas ,ni bienes , ni materias nocivas.
Despierta ya, para que los ríos sean cristalinos,
los cielos nítidos, limpios y hermosos,
las tierras fértiles, saludables y amigas,
los bosques esplendidos,
grandiosos los mares y océanos.
¡Despierta mundo!, ¿ no ves al niño hambriento?
¡despierta ya!, ¿no te falta amor y cariño?,
¿no te das cuenta de las desigualdades,
la locura de las guerras y tus desatinos?
¡Despierta ya!, para que cesen las locuras,
de los que con sus manos crean y reparten
dolor, injusticia, avaricia, codicia, sufrimiento,
pena, hambre, sed, muerte y sinrazón.
Sembremos nuevas tierras, nuevas semillas,
De alegría, esperanza, vida, amor, ternura, igualdad,
solidaridad, cariño, paz y respeto.
¡Despierta mundo!, ¡Despierta ya!.
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GEN URBANO

Texto y obra de AdelA CasadO






















"GEN URBANO" es un gen específico,  responsable del impulso invasor y manipulador del Hombre,  interviniendo en ecosistemas naturales para transformarlos en ecosistemas "civilizados"; es decir, al servicio y gusto de su sociedad burbuja, construyendo caminos "seguros" controlados en una dirección, su globalización. 
Es ese afán por dominar y poseer, como tal vez no haya otro en la naturaleza.
Se propaga con la fuerza de un virus, entrando en conflicto con otros seres que lo poseen.
Inconformista, genera una atmósfera de terror adecuada para acudir como salvador y baluarte de la paz.
Amante de la globalización en su obsesión por reducir la realidad y mantenerla bajo su control.Alérgico a las diferencias, la igualdad de los demás es su meta, no de la suya, que está por encima y no es equiparable. 
Gen falaz que ciega a sus poseedores.

 ¡LA CONCIENCIA ECOLOGICO SOCIAL ES UNA NECESIDAD!
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CUANDO SEA TARDE

Texto y obra de Virginia Palomeque











Qué vamos a hacer "Cuando Sea Tarde"?
Cuando no queden más ríos para secar.
Cuando no quede más aire para contaminar.
Cuando no queden más bosques para talar.
Cuando no queden más amimales para matar.
Le suplicaremos a Dios que nos perdone?...
"CUANDO SEA TARDE"
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BOLSILLOS VACIOS

Poema y obra de Romina Cuppari













...y vago por el cielo entre gaviotas de tela,
que gritan conmigo
un canto hambriento de paz y de color...
Color que mis manos se guardan
en los bolsillos vacíos de concentracion...
habito en la locura raída
de un cuadro viejo
lleno de pasión.
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METAL QUE DESTRUYE

Poema de Norberto Portugheiz y obra de Ignacio Habrika
Simplemente recordar...
Ser solidario con la gente, y con la naturaleza.
Seres simples y comunes que salieron de sus casas...
Niños, jovenes, mujeres y ancianos.
Estudiantes, trabajadores, amas de casa, jubilados...
Seres humanos que no volvieron del ruidoso viaje...
Todos aquellos, atropellados implacablemente,
por el vil asesino escondido entre los rieles.
Criminal prepotente, ensoberbecido
por los satanicos dueños de su alma...
Una mañana de Marzo...
Un dia cualquiera en la España de Unamuno...
Cuan cierto aqui y ahora
su "sentimiento tragico de la vida"...!
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ARBOREO ARRAIGO

Poema de Mai Perez y obra de Hebe Tegerina















!Tú!... arbórea semilla,
en nuestro corazón germinas.

En suelo de amor,
raíz principal, afirmas.

Entramada red, tus raices secundarias tejen,
de emociones y sentimientos, ...nutriente savia te alimenta.
desde este cuerpo arbóreo; convertido en tronco....
forjados de ramas, múltiples, abrazos se bifurcan.

De vid; la planta,
Uva...
Y, hoja parra.
Vino elixir,
añejo y en fermento brinda.....

Así, apasionadas las palabras surgen,
y secretos, no dichos.... al oido, se revelan.

Y, la piel contacta,
y, los labios, besan.
Se funden en uno;
Amor, cuerpo y alma.

De arbórico, arraigo
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HORA DE SALIDA

Relato y obra de Angeles Charlyne

“La ciudad es como una boa constrictor, todo lo traga y alguna vez lo digiere” pensó Ruíz, cuando abandonó el edificio de oficinas donde trabajaba. Hasta el ascensor, que se arrojaba sin frenos veinte pisos abajo, era una suerte de cámara, donde los indefensos pasajeros, ni siquiera se miraban unos a otros, antes de ser devorados por la noche incipiente en una llamarada de luces arrojadas por los carteles de neón. El escenario fantasmal del todo se puede, menos vivir.
Ruíz se refugiaba en la lustrosa barra del bar, antes de emprender la retirada. Es que para él se trataba de una retirada de esa guerra imaginaria, cada día imaginada, donde resistía las infinitas formas de la intolerancia. Donde se demoraban aquellos que buscaban destinatarios para expiar sus propias culpas.
Había cultivado el anticuerpo del silencio y aprendido, de los gatos, el deslizarse sigiloso ante la agresión desatada.
La estrategia le dio resultados, pero a un costo elevado. Sólo medido por él, en la más rigurosa y espartana soledad.
Bermúdez, le entregó casi a la salida, la gota que faltaba. -La cuenta de Martínez, se cierra el lunes. Hoy es viernes. Se te acabó el tiempo, salvo que en estos dos días lo arregles -le dijo como al pasar, en realidad pasó por su lado para notificarle su defunción. Si se caía la cuenta de Martínez, su vida en la empresa tenía los días contados.
Febrero era una fragua. Decidió que era buen tiempo para beber un trago en la grata compañía de si mismo. El espejo oval del “Yesterday” le permitía comprobar que ese flaco, ligeramente barbudo, la corbata desarreglada que lo miraba, tenía suficiente silencio para los dos.
Patiño, dueño de la barra y los tragos, nada le preguntó, cuando deslizó la copa sin hielo.
Ruíz tomaba el whisky puro. El hombre rehuyó la confidencia. Ni siquiera le mereció un segundo de atención el empate de Boca, que ya deslucía todo el oro ganado hacía meses.Creyó que algo se le podía ocurrir, aunque secretamente pensó que lo mejor para él era que siguiera sin que se le ocurriera nada, por salud claro. Se rió para adentro y pensó con cierta nostalgia que se había obligado por todos, demasiado tiempo. Se encogió de hombros.
Cuatro copas después seguía sin siquiera preguntarse que iba hacer. Algo lamentable para un hombre sin futuro, en un país sin futuro y en una ciudad sin futuro.
No lo pudo resolver. Salió a la calle detuvo un taxi, de esos que forman parte de la tropilla de radio, que se enlazan como extraños confidentes de caminos desconocidos, para pasajeros desconocidos. El conductor miró desganado por el espejo retrovisor.
La ciudad le quita a los protagonistas hasta las ganas de ser. Esto a veces sirve para salvar una vida. La distracción estira los espacios.
Luego de darle la dirección, Ruíz se dedicó a mirar las ráfagas de luz que aumentaban junto con la velocidad del taxi. Viajaba más rápido de lo aconsejable y del gusto de Ruíz. La avenida era un paño gris, liso y tentador. El pie derecho sucumbe cuando de acelerar se trata y no siempre la acción y la decisión van juntas y en armonía.
La intersección con la avenida más ancha del mundo, pareció no ofrecer obstáculos. Tenían luz verde que los habilitaba. La moto Guzzi que apareció de la nada se atravesó tarde y sin frenos. El casco, luego el cuerpo y más tarde la moto, trazaron la perpendicular del desastre. Las frenadas, colisiones, sirenas y gritos, abrieron el recital de la desgracia. Ruíz estaba perplejo, el chofer del taxi buscaba justificativos por supuesto en la responsabilidad del otro que yacía a cincuenta metros, desmadejado.
Siguió al chofer y a la gente para ver que ocurría cuando no era nada difícil imaginar que había sucedido. Una rueda de la moto seguía girando casi disconforme con el destino. Cuando llegaron ya una ambulancia que eludía escollos humanos y de los otros, estacionaba y diligentes, los socorristas, buscaban víctima y explicaciones. Cuando Ruíz se quiso acordar, el taxi y el taxista ya no estaban.
El médico jefe, severo, se lo quedó mirando. Ruíz se preguntaba como sabía que él viajaba en el auto. Alguna cara de culpable lo delataría, entre tantas caras supuestamente tan culpables como la suya.
Aceptó, intrigado, dar las explicaciones y subir a la ambulancia, acosado por la misma duda. El hospital abría sus fauces blancas y se los tragó de un bocado. La camilla y el cortejo recorrieron pasillos y el viento de las puertas vaivén, oxigenaba la falta de él. Le indicaron que aguardara y se quedó con las pertenencias del herido, olvidadas por los médicos en el apuro. El calor fue más que la tensión y se adormiló con ayuda del alcohol consumido antes.
Alguien le sacudió los hombros, y un médico con máscara verde y manos en alto, en tanto le quitaban el guardapolvo también verde, murmuraba sonriente y aliviado -lo salvamos, la verdad es que este chico se salvó de milagro.
El desfile de enfermeras y ayudantes indicó que abandonaban el escenario, en este caso el quirófano. Curioso, notó que nadie se le aproximó para decirle nada y menos para preguntarle. Lo mejor era esperar. Pasado un tiempo, en verdad prolongado, decidió mirar las pertenencias del herido “Reinaldo Martínez” rezaba la tarjeta que incluía dirección y teléfono. Indeciso miró a ambos lados del pasillo. La cabina telefónica brillaba en tonos verde y celeste. Llamó. Una voz adormilada de hombre, quiso enterarse y la penumbra del sueño desapareció, a medida que ingresaban los detalles que Ruíz suministraba. La urgencia y el compromiso viajaban a lo largo de la línea telefónica.
Martínez padre, llegó angustiado y tomó a su cargo las diligencias necesarias. Ruíz sentado en un banco de madera, lo miraba, no había tenido tiempo, tampoco que alguien lo interrogara. Médicos, policías y funcionarios, resolvían los datos que consignar, sin tenerlo presente. Ruíz de todas maneras no se molestó mucho por eso. Un tiempo prudencial después decidió que era hora de marcharse. Al parecer nadie consideraba necesario consultarlo y quizás ni su presencia.
Se irguió en el mismo momento que Martínez padre se perdía rumbo a la sala de terapia intensiva. Se encogió de hombros. “Son tiempos de confusión” se dijo. Al abandonar la explanada, ni rastros de la ambulancia encontró.
Detuvo otro taxi, vio que el hombre era mayor y lo tranquilizó la esperanza de un viaje sin sobresaltos. Así fue. El lunes por la mañana llegó a su oficina. Bermúdez le sonrió torcidamente.
-Martínez llega en una hora- , le avisó como la sentencia y la condena. Se lo quedó mirando. Ocupó su lugar y volvió a recibir los cargos y las cargas propias de cada día que reunía las frustraciones cotidianas de sus compañeros. Se enfrascó en el informe que diariamente confeccionaba antes de iniciar las gestiones pautadas.
El timbre asordinado de su escritorio zumbó para avisarle que lo esperaban en la sala de dirección. Cuando llegó luego de sortear las burlonas sonrisas de los otros, encontró a Bermúdez, el dueño de la empresa Macán, otros ejecutivos y los representantes del cliente que los abandonaría, según el anuncio agorero de Bermúdez del viernes. El hombre que le daba la espalda al entrar, seguramente sería Martínez.
-Pase, tome asiento Ruíz, queremos que participe. El señor Martínez nos informó -a Ruíz el corazón le dio un vuelco-, que continuará con nosotros porque dice que es la mejor agencia que ha conocido y que su diligencia y preocupación son la mejor garantía para permanecer con nosotros.
El tono del dueño de la empresa Macán, rezumaba satisfacción. -Señor Martínez -agregó -le presentó al oficial de cuentas Ruíz.
-Mucho gusto -dijo Martínez girando en su silla e irguiéndose para saludarlo. Ruíz se dio cuenta que era el padre del motociclista accidentado. Lo curioso es que no se mostró sorprendido de verlo ni siquiera de descubrir la relación. Se mantuvo imperturbable. Mientras los hombres se estrechaban las manos, notó el pecho henchido de Macán, una sonrisa nueva, casi amable en Bermúdez y un silencio respetuoso del resto. Martínez lo tomó de un hombro y dirigiéndose a nadie en particular apuntó -¿Ruíz puede acompañarme a la salida?
-Naturalmente -acotó Macán. Salieron. El ascensor los llevó raudo hasta la calle. Ruíz seguía expectante. El silencio de Martínez, era casi afectuoso.
Se detuvieron en la dársena de acceso al estacionamiento. Ruíz seguía decidido a mantener el silencio. -Mi hijo está bien, gracias a usted -fue su único comentario. Ruíz inclinó la cabeza cortésmente. -Se va a recuperar -agregó Martínez pensando en voz alta.
-No se preocupe -agregó palmeándole la espalda -a veces el tiempo llega antes -agregó dicho que no agregó nada a la comprensión de Ruíz.
Cuando la comitiva se disponía a abordar los vehículos que la trasladaría, una ambulancia blanca y verde se deslizó para detenerse ante él. El vidrio polarizado descendió y el médico de la mirada penetrante que lo trasladara esa noche, le hizo una seña. -Cuando se acepta lo inevitable y la razón nos da la espalda, sólo la nobleza obliga y la grandeza ocupa su lugar-. Ruíz no contestó; su mirada interrogativa quería sólo decir ¿quién es usted? El hombre sonrió a medida que el vidrio ascendía lentamente, -A veces hay que estar donde se debe estar y decir lo que se debe decir -fue su despedida.
El vidrio se cerró, la ambulancia partió silenciosa. Lo extraño fue que la verja de entrada no se abrió y ella desapareció.


Angeles Charlyne
De “La puerta que…”
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PAJARO MUERTO

Poema de Alfonso Gomez y obra de Adela Casado

 
 Una vida truncada
que jamás cantará
Una vida sin trinos
que no alegrará
Pájaro muerto en el
camino sangriento
Por la mano infame
de un mocoso malo
Que asesina por
deporte a diestra
y siniestra
Con su resortera
colgada en el cinto

Hay luto en el árbol
Las hojas se caen
Las ramas se secan
Nido que aguarda
Huevos que se morirán

Falta de calor de la
ausente ave
Falta de cantos que los
alentaba y los arrullaba
con su gorgéos llenos
de vigor y de esperanza

El árbol está triste llora la
desgracia
Hojas desprendidas
vuelan con el viento
Risas de un muchacho rumbo
al hogar
Presumiendo y ensalsando
lo bueno de su puntería
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PEQUEÑOS ARTISTAS


Texto de Graciela Bertoldi y obra de Lenons

Esta obra no me pertenece, es de un pequeño artista peruano de cinco años .Interactuando con esta obra, como excusa, pudimos conocernos y ser amigo . Lenons recién se radicaba con su familia en Argentina , muchos cambios, añoranzas ,resultó difícil la comunicación ,hasta que comenzamos con un proyecto de arte .Su entusiasmo pudo más que cualquier dificultad ,mientras pintaba me contaba sus problemas cotidianos, así ,como docente a cargo ,pude brindarle lo que el necesitaba para expresarse .Unos cuantos pinceles ,algunas témperas, una hoja de soporte ,y atención fueron las mas hermosas y coloridas herramientas casi mágicas, para iniciar un vínculo .
Adultos aprendamos de los niños.
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INVIERNO DE LA PRIMAVERA

Poema de Romina Cuppari y obra de Cristina Lena
 















caducan mis huellas
en la arena de un olvido,
ahogado de fresias muertas...
suspiro de las pestañas
que gotean encierro,
escozor de las manos
que juntas se lamentan
la pérdida del pincel de pelo muerto,
y la única estrella que seguía viva,
se deshace...
como se deshacen las hojas con el agua,
y vuelvo a despertar
otro dia muerto.
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IDENTIDADES


Relato de Angeles Charlyne y obra de Adela Casado

El Aconcagua refulgía contra el cielo provocando rebotes.
Desde las ventanas del hotel casi protector, Sofía estacionó su mirada celeste, hasta donde el horizonte permitía. Ese horizonte no suele ser generoso.
Se volvió a mirar al hombre que resultaba abandonado sobre la almohada roja. Había tenido una noche caliente.
El viaje por el paso perdido, le hizo perder el paso.“La operación”, fue exitosa Julián había incrementado sus necesidades.Demasiada gente apurada. Demasiada gente ansiosa, sobre todo en la noche. Poca gente dispuesta a esperar.Sofía amaba ese leve manejo de las situaciones críticas con que su hombre resolvía.No estaba segura de nada, salvo de su inseguridad. Sobre todo en ese trafico extraño donde las personas
dejaban de ser quienes eran para ser otras y volver en definitiva a convertirse en almas ocultas por la máscara del engaño.
Tentador, irresistible... a veces resultaba demasiado fácil vivir el simulacro de falsas identidades.Le conformaba pensar que por lo menos algo de ese camuflaje servía para disfrazar pasados tormentosos, destinos oscuros...¿Hasta cuando…? ¿Hasta dónde…? ¡Quién sabe..! ¿A quién puede importarle ahora...?

Además ¿no es una vida andar sin documentos?Sofía sirvió un trago, el alcohol se derramó en la copa, prisionero luego de labios ansiosos, que agotaron, en ayuno, hasta la última gota.
Volvió a mirar a Julián. Su resistencia a despertar era absoluta.
Parecía un ovillo enredado en el desorden tibio de sabanas, que hasta hace instantes albergaron otros desordenes, el de las caricias desparejas que plenaron la carne, la que no lleva ni necesita identidad; la que no registra más nombre que la de ser, sólo la de ser por existir.Se acercó lentamente, para observarlo de cerca.Rozó la barba rala que enmarcaba el mismo rostro, el del ayer cuando era Juan, aunque aquel Juan, luciera rubio. Una exigencia circunstancial.Se preguntó quien era en realidad. Mejor, si este hombre ahora moreno, que dormía plácidamente, había dejado de ser Juan... por si alguna vez lo fue.El, entreabrió sus párpados, los ojos color miel se pegaron al techo. Bostezó largamente, extendiendo sus brazos por encima de la cabeza, para luego dejarlos caer sobre ella, abarcándola.
Una caja de sensaciones ardientes se preparó para estallar en fuegos. Lenta, como otra brisa, la mujer fue deslizándose sobre el cuerpo que ansioso la esperaba.
Julián desanudó la bata lila que, sin resistencia, se desvaneció sobre el piso.
Preludios de susurros acompañaron el instante, cuando las mejores cosas ocurren.
Las manos recorrieron afanosas distancias.Subidos al carrusel del mundo viajaron incansables. Los paisajes se agotaron. La carne poseída por los itinerantes del placer no entiende de pausas, ni fatigas. El hambre del otro y la soledad de uno nunca dan francos.
-¿Quieres un trago? -preguntó Sofía.
-Prefiero café -dijo él.
-Ok... Qué sean dos... ratificó ella.
La muchacha del servicio hotelero, tocó suave a la puerta.
Cuidadosamente apoyó sobre la mesita de entrada, su bandeja portando humeantes tazas.
A un lado, tres platitos eran colorido estandarte: mermelada, manteca decorada en forma de espiral y en el tercero: tostadas.
-¿Algo más? -preguntó.
-¡No!, está bien... por ahora, ¡gracias! -despidió Julián.Cuando se alejó, él la pensó: “se la ve cansada... frágil y grácil como un junco... Seguro que no es de acá. Vaya uno a saber como llegó al país, ¡al país del que no... y podría llegar a ser otra presa fácil o quizás ya lo sea”. Recordó que la vida esa, es andar sin documentos.
-Se enfría el desayuno- dijo Sofía tropezando el barruntar silencioso.
El, tomó la taza, amarrado al código sin palabras; sus ojos quedaron fijos en la
puerta que se había cerrado, como estaba seguro lo había sido para las esperanzas de la muchacha cada vez que debiera identificarse; Cuando la leve figura desapareció, fantasmal, escapando, como siempre que se pueda a destinos infernales. volvió la cabeza. Andar sin documentos, era “su cosa”, para atender las “otras” cosas que se necesitan en el juego de la identificación.
Desde los grandes cristales del bar de la esquina, la mañana tropezaba perfiles de nubes grises que presagiaban llanto celeste.Los transeúntes, soldados alertas en caminos del apuro, marchaban hacia la jornada de trabajo. Algunas ancianas barrían hojas secas que el otoño empedernido se empeñaba en derramar sobre las aceras; panfletos crujientes de eternidad, anunciando vientos de tormentas.
Adentro, en el salón, los hombres se citan para la vida o para la muerte...de ellos o de los otros.
Los cigarros se consumen llenando pulmones de auxilio. El humo se desliza denso jugando por fuera... matando por dentro.Ricardo controló su reloj, impaciente pidió otra vuelta. “El viejo”, sentado a su lado, reclinó su fastidio.
La mujer morena, acomodó la caudalosa cabellera, cascada oscura y sedosa, extrajo de su cartera -victoria sobre la víbora-, un espejo y cosméticos; construyó mohines, retocó labios, luego ojos con la paleta rigurosa, envidia de Matisse.
Se cruzó de piernas. La falda corta dejaba al descubierto muslos bien torneados, su cuerpo escultural modelaba la idea del robo a un museo; pieza única -incunable-, reluciendo en su esplendor. Se sabía bella, muelle, apetitosa, y tan utilitaria como la misma seducción.
-¡Como tardan estos!-, “el viejo” se quejó, refunfuñando y rascándose, groseramente, los genitales que sentía dormidos.Sus manos regordetas regresaron a la mesa, desenfundó, como a una Magnum 357, la “compu” portátil, que llevaba en el portafolio negro; revisó, con aire importante, sus últimos correos.

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AMAMANTANDO EL FUTURO

Poema de Eva Alcaide y obra de Romina Cuppari
En el monte sereno de sus senos
conoció la mágica forma de regalarse...
Vertía su néctar, alimentando,
nunca hubo en su Universo,
un momento tan exquisito...
Las miradas se unieron para siempre
en el encuentro de la novedad,
hoy ya no existe modo de separarlos,
manito de azúcar pellizca en gestos de ansias,
y los párpados nuevos se cierran cuando por fin
la alcanza su tibia boca recien nacida,
alivio de la madre, elixir del niño...
y se abrazan las almas,
y renace la inocencia...
en el monte sereno de sus senos.
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INDIFERENCIA DE LAS RELIGIONES establecidas

Texto de Norberto Portugheiz y obra de Christian Zúñiga


 Respecto al trato de los animales por parte del hombre, parece asombroso la ineficacia general de las religiones monoteistas, con mas de 3000 años sobre este Planeta...

Quizás la principal 'luz' universal que brilló alguna vez en los últimos tiempos -respecto a la compasión con los animales- fue el Mahatma Gandhi.

Asi es. Me parece increible el " silencio " planetario de tantos sacerdotes, pastores, rabinos, ulemas, etc. que indudablemente no son capaces de hacer oir su voz entre las masas humanas, en este tiempo, cuando tanto se reclama públicamente para disminuir lo más posible el sufrimiento animal.

Quisiera tan solo recordar al legendario Noe, salvado del Diluvio con su Arca repleta de animales... Y se lo estudia en la Biblia ¡Tanto por judios como cristianos...!

¿No tienen nada que decir al respecto los representantes del clero y las "Autoridades" espirituales, para instruir en la acción de sus feligreses...?
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LA ALDEA BLANCA

Relato de Angeles Charlyne y obra de Oscar Carballo




















Renata era negra, la única en la aldea blanca habitada por blancos.
La única que nunca cerró la puerta de su casa.
Los había visto deslizarse a lo largo de sus vidas, lentos como caracoles distraídos. Nunca más habían nacido niños, desde la tarde que el monje negro se marchó, despedido a pedradas por todas las mujeres, quienes lo acusaban de haber anunciado el niño muerto que perdió Roberta.
Renata, negra, pagana y soberbia, era la única que no había envejecido en ese lugar que parecía ha
ber sido abandonado por Dios.
Miró una vez más por la ventana que da al jardín donde las flores se habían marchitado, como toda la vegetación del valle.
La esterilidad se había establecido para quedarse. Su propósito estaba logrado. Los árboles secos parecían agitarse sólo en días de tormenta, como pidiendo auxilio.
Resistía por quienes no habían podido hacerlo. No sabía muy bien que resistía. Sólo que, mirándose al espejo, comprobaba que su tiempo se había detenido.
Cada día notaba que era una herida abierta en la vida de los otros, quienes sangraban y disecaban con el tiempo, arrastrando sus osamentas, como el maleficio nunca proferido.
Renata no sospechaba, ni por asomo, cual era la razón de su eterna juventud.
Ella era negra, la única en esa aldea blanca habitada por blancos, casi transparentes después de ser carcomidos por una eterna tristeza que empezó por robarle los sueños y los deseos.
Los ex niños que envejecieron sin crecer, nunca habían podido jugar y Renata trataba de rescatarlos, pero sin éxito. Habían desconocido el interés y por lo tanto las etapas se cumplieron todas en una. Nadie sabía ya quien era adulto y quien no. Todos parecían iguales.
Renata iba al río, lavaba su ropa y se quedaba, luego, adivinando los movimientos de la corriente, como intentando descifrar el devenir del futuro.
En realidad no pensaba desde la reflexión, sino que buceaba en su interior desorientada sobre las diferencias que nadie podía explicar.
Roberta después del nacimiento perdido, se quedó sentada a la puerta de su casa y nunca más volvió a entrar en ella. El tiempo, asociado con la detención, nunca más le dio paso a las estaciones. Había quedado oscilando en un otoño templado, desmañado, de cielo sucio, con un sol remiso a la hora de disolver nubes.

El resto de las mujeres que apedrearon al monje negro emigraron al bosque buscando una huella inexistente y dando vueltas en círculo, sin detenerse jamás. No había humo en las chimeneas de las casas y Renata no sabía si los blancos se alimentaban. Nadie hablaba, por supuesto ella no sería una excepción.
El polvo que sólo el viento movía se depositaba para formar capas superpuestas que daban, como las eras glaciares, el espesor de las etapas que se acumulaban, como las esperanzas de la humanidad por un destino mejor.
Una mañana, que para ella era de mañana, decidió subir al monte. El paisaje, a sus pies era sobrecogedor. Una serpiente de tierra que zigzagueaba en el espacio rumbo a la nada. Se sentó dispuesta a esperar algo que no sabía muy bien que era. Miró al cielo y ni siquiera hubo un celeste cierto que le diera respuestas.
Finalmente, un punto oscuro en el límite del horizonte, le advirtió que algo, por fin, se movía. Calculó que disponía del tiempo del mundo hasta que llegara hasta ella. Decidió que no debía moverse y que era la única oportunidad. ¿De qué? No se lo pudo responder.
Las horas se deslizaron tenues aunque el cielo siempre estaba igual.
Renata sabía que el reloj celeste nunca se había detenido.
El jinete que desaparecía en las depresiones del sendero, quedó el último segundo oculto a su mirada. Cuando emergió le pareció comprender que había una cuenta que saldar. El monje negro se detuvo exactamente en el lugar donde ella, oculta por la piedra, quería saber.
El monje negro se quitó el hábito sin prestarle atención, ella supo que debía hacer lo mismo. El, todavía de espaldas se volvió para poseerla. La cuenta astral de la vida detenida fue cobrada con la morosidad que la naturaleza exigía. Ninguno de los dos se dijo palabra, el tiempo de la soldadura espacial, se llevó todas las brumas. El cielo se limpió, repentinamente y el sol se dejó ver. Sus cuerpos relucientes, brillaban en las contorsiones.
Poco a poco la vegetación reverdeció. Las primeras flores de los primeros jazmines del país, aromaban el valle y sus efluvios llegaban a la gente que empezaba a aspirar. Los colores reaparecían gradualmente, al ritmo de la ceremonia ritual de la carne.
Cuando los dos sintieron que se había sellado una herida, resonó en el valle, el primer berrido. Roberta había dado a luz, la sombra del sueño extraviado.
Renata cerró la puerta de su casa, había cumplido.
Angeles Charlyne
De “La puerta que…
”Texto editado por Asociación Amalgama de la ArtesRota, Cádiz (España)Revista Literaria Cultural “AMALGAMA”/ ejemplar Nº 15Correspondiente al período Diciembre 2007/ Junio2008-
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CUATRO ELEMENTOS

Texto y obra de Pablo Hernández




























Fuego mío de incontables llamaradas,
Que iluminas en las noches de hastío
Y que luchas palmo a palmo contra el frío
De la indiferencia que en silencio se propaga.

Agua que bañas de plata la morada
De este espíritu que a veces calla a gritos,
Lleva a puerto mis mensajes aun no escritos
De botellas que en mi costa hay encalladas.

Aire que llegas como brisa de mañana,
Alientos, voces, aromas, alma pura,
Vuélvete huracán y a esta amargura
Consúmela hasta que no quede nada.

Tierra que eres nosotros, ruegas, lloras,
Recuérdanos que del barro hemos venido
Y acúnanos, Madre, en tu suelo nido,
Guíanos a salir de nuestras caracolas.
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SONETO DE LA TIERRA HERIDA

Poema y obra de Pablo Hernández
 




















Soneto de la Tierra herida
Hombre árbol palpita el suelo en tus raíces

Bebe pronto de su néctar aun vivo
Siente la tierra en su profundo aullido
Quejándose dividida en países.

Soy tierra al igual que la de al lado
En toda mi extensión, sin uniformes,
Que los límites son solo de los hombres,
Y el animal ignora con sabio descaro.

Rebélense las bestias y las plantas,
Protejan mi futuro que es el vuestro,
Y educad al hombre, bastos de simpleza

Que se entere que su vida la rematan,
Que de nada servirá un suelo muerto,
Que entre al fin el corazón en la cabeza
.
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YO NO SOY ...

texto de Rafael Sandiego y obra de Ignacio Habrika
"Yo no soy de los que entienden,sino de los que sienten." (a JPellicer )








 
















De los que se preguntan
por qué los niños, ayer
jugando en el campo, amanecen
sin manos o piernas, al pisar
minas explosivas escondidas.

De los que piensan que la pobreza
y el hambre son ficticias, mentiras
de unos cuantos que traicionan
a su propia raza, a ellos mismos.

Yo soy de los que entienden
que las guerras y los secuestros
son lo mas aberrante que existe
en el mundo de los inhumanos,
y ninguna causa lo justifica.

Que el mañana podría ser mejor
si los que no entienden
fueran de los que sienten
y los que no sienten
fueran de los que entienden.

Yo no soy de los que entienden
de rimas, moldes, métricas asfixiantes
de ofensas, invalidaciones o maltratos
a cualquier ser vivo en este mundo
Sino de lo que sienten.
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MI QUERIDA NOSTALGIA

poema de Romina Cuppari y obra de Oscar Carballo



















El agobio del recuerdo se estremece en el alma,
y la tierra llama con la voz del viento,
mi andar lejano escucha y extraña...
Mi Tierra Lejana se funde en el lamento,
el "Polaco" emociona,
su tango vibra...
y el agobio del recuerdo se estremece en el alma,
y la Tierra llama...
y la lluvia cae lejos de mi puerta.

(momentos lluviosos de nostalgia agridulce...)
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